El pasado sábado 25 de enero se celebró la XXXIV edición de los Premios Goya, que cada año concede la Academia de Cine. En esta ocasión, el galardón al mejor sonido recayó en el impecable trabajo que hizo el equipo del estudio La Bocina en la película “La trinchera infinita”.

 

Unos días después, Francesco Lucarelli, que trabajó en este proyecto, quiso acercarse a Prodis para compartir su trofeo con los jóvenes con discapacidad intelectual que trabajan y se forman a diario en la Fundación, y explicarles en qué consiste la labor de sonido en las películas, que muchas veces se confunde con la música.

Los asistentes, algunos de ellos grandes amantes del cine, tuvieron la oportunidad de plantear sus dudas a Francesco y pudieron sostener en sus manos, por unos segundos, la figura del “cabezón”, como se conoce a la obra de Mariano Benlliure.